Una vez vi una película en la que un hombre cuyo empleo era ser payaso, era abandonado por la mujer de su vida...
Al dia siguiente, como todos los anteriores, tenia que ir al circo a hacer reir a los niños... Él estaba triste, totalmente desconsolado, pero los niños sólo veían la mascara sonriente y resplandeciente que llevaba encima... Veian colores, pelotas y malabarismos...Y él ni siquiera les veía a ellos...
Mucha gente se comporta asi cuando está triste, poniendose una mascara de alegria para esquivar la tristeza...
Error...
Yo, que siempre he tenido alma de payaso, y me gusta mucho reirme y hacer reir, creo que de vez en cuando no es malo estar triste, y que los demás te vean asi...Creo que esas época se superan mas fácilmente sacándo la tristeza desde un principio que ocultándola...
Suerte a todos los payasos del mundo, que lloran debajo de la máscara...

Totalmente de acuerdo. Veo q tenemos varias cosas en común! Solo q sin embargo yo nací siendo payaso, qiero decir, con máscaras y pinturas q dibujan sonrisas en mi cara cuando en realidad por dentro mi alma llora. Esto solo ocurre a veces, pero lo hago por no dañar a los demás. Te imaginas los pobres niños si vieran llorar al payaso triste? Y a los niños, siendo niños, no se les puede enseñar la pena, q luego de mayores ya sufrirán bastante.
Gracias por pasarte x mi blog! 1 bsito ;)
Tu alma se llama como mi libro "Alma de payaso".Se y comparto lo que dices. Mi abuelo era payaso y aunque no tiene nada de malo el que los demás puedan ver que en ocasiones estás triste, en el caso de lo payasos, por muy tristes que estén, cuando se colocan su nariz roja de inmediato aflora su gran sonrisa, aunque su alma lloré, el público espera su magia, su alegría, sus risas... el milagro de transformar un instante en fantasía, la misma que les falta cada día en sus vidas.
Esquivar la tristeza no es nada favorable para el corazón, pero los payasos tienen que ocultarla para ofrecer el espectáculo requerido y es tanta su ilusión que a menudo hasta se les olvida sus penas en ese eterno momento en el que se entregan degustando ese néctar que lo atrapa con fuerza, y que apenas en un suspiro transciende, no solo los niños, también el payaso.
Saludos